El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció en su fiebre arancelaria que impuso el 5% para la importación de Venezuela a partir del 2 de abril, lo que hizo una de las tarifas más altas de la región.
El máximo era para Nicaragua, que se impuso al 18%de la tarifa.
Durante una ceremonia en La Rosaled, la Casa Blanca, Trump había justificado el movimiento como un paso para hacer el campo de juego con terceros países, según él de que los productos estadounidenses se han beneficiado durante décadas de acceso prioritario al mercado estadounidense sin condiciones similares.
Este movimiento está asociado con la recolección de aranceles del 25% en países que compran petróleo y gas del país caribeño, lo cual es un hecho inusual a solicitar por el sector extremista de Venezuela, que quiere cambios irregulares en el gobierno.
Además, más de 900 medidas obligatorias contra el gobierno, los oficiales y la economía de Venezuela siguen siendo efectivos, el permiso de operación de la Compañía Chevron se ha relacionado con la finalización del permiso de operación y se ha vinculado contra las compañías petroleras en otros países que no están trabajando en el país.
En América Latina, la única excepción a Cuba es un país donde el acuerdo no se aplicará porque no hay un intercambio comercial con la isla.
Esta decisión ha creado incertidumbre en países como los socios comerciales de los Estados Unidos latinoamericanos, especialmente en países como Brasil, Colombia y Chile, lo que mantiene relaciones económicas estrechas con Washington. Brasil, Chile, Colombia, Perú, Argentina y Ecuador fueron castigados con una tarifa del 10% sobre sus importaciones.
Venezuela y Nicaragua, donde se implementarán aranceles más altos, son donde Washington carece de cooperación democrática y una hostilidad pública en los Estados Unidos, aunque este país ha estado atacando las políticas y la economía de Karakas y Managua durante décadas.